21 ene
Das bodas
9 dic
Adelante Bonaparte
Recuerdo los sonidos
de aquella oscuridad.
El trasnochado cuco
que nos vio a todos cambiar.
Recuerdo cada objeto.
Los trozos de un hogar.
Todo en su sitio,
en su lugar.
Pero era fruto de la paz
y la fragilidad.
¡Ay niña, que nos vaya bien!
¡Ay niña, que nos vaya bien!
Que Dios insiste
probar con nosotros.
Bueno, ya me entiendes
Recuerdo los domingos
como algo superior.
Todos en casa,
la cabaña no se hundió.
Pero era fruto del temor
al mundo exterior.
¡Ay niña, que nos vaya bien!
¡Ay niña, que nos vaya bien!
Que Dios insiste
probar con nosotros
y nuestra ilusión.
¡Ay niña, que nos vaya bien!
¡Ay niña, que nos vaya bien!
Que Dios insiste.
Que Dios insiste
probar con nosotros
y nuestra ilusión
Y buenas noches,
3 oct
Elegía

Nota: No pongo citas por que el libro lo dejé abandonaíto en uno de los millones de buses que me vi obligado a coger con motivo de la visita de mi hermana a New York. Como estaba realmente triste, era la primera vez que me pasaba algo así de cruel, el karma tuvo a bien enviarme un libro de teoría crítica literaria aplicada, tal cual, en guirés of course. Me lo encontré una tarde, abandonado el pobrecito en un sillón en la entrada del Academic Activities del EMS (edificio que comparte laboratorios de combustión y generación de coques con grandes talleres donde los estudiantes de bellas artes construyen atrezzo y escenarios para representar sus obras. Toma ya. Así que uno de esos jóvenos culturetas hizo de courier del karma, thanksalot). Fue un flechazo a primera vista, ahora los dos dormimos juntitos cada noche, pero todavía sigo recordando mi desamparado Elegía to pintarrajeado abandonado en un Chinobus, ocupando un lugar de honor, espero, en algún altar sincretista. Byebye bombay.
1 oct
In this bar, in this bar…
Y la oscuridad era centelleante. Las máquinas de amar se esmeraban en relucir, pero cegaban de tanto destellar. Cuántos partes por accidentes en una noche, cuántos seguros entregados por terceros que no cubrían el tipo de daño que tú sufrías, cuántas veces la polícia y las enfermeras del amor al rescate, cuántos collarines de papel maché y cafés solubles solitarios tras barrer la cocina y el salón y escribir en una nota un agradecimiento que era una disculpa. O Miguelito chillando pitufos mixtos. O pinballs solitarios de farola a farola, escalando hasta la casita en el árbol donde enviar señales de humo que sólo conseguían asfixiarte, ¿verdad? Y los que mejor podían haberte asistido tras cada colisión, haciendo eses en la noche madrileña, o barcelonesa, o lejos. Todos igual, todos volando en nubecitas en un cielo cruzado de estelas de máquinas de amar, como la que tú mismo dejabas.
Una noche Carlos me dijo que era un cabrón, que si me molestaba que me llamara que se lo dijera, pero que no fuera por ahí evitándole. Yo no supe qué decirle, balbuceé alguna excusa y él se fue. No he vuelto a verlo.
Cada vez menos, pero todavía hay noches que I wanna go home right now.
In this bar
In this bar
I am dying
In this bar
In this bar
I am dying
Disassociated
Keep off the grass
I prefer you naked
This too shall pass
Nuance carefully weighted
Too slow too fast
Too slow too fast
I want to go home, right now
I want to go home, right now
I want to go home, right now
I want to go home
Kissing is forbidden
Biting leaves marks
Sex is overrated
I need to dance
Calmly understated
Well you always had class
This too shall
Hide is armour-plated
Oblivious to darts
This too shall pass
I want to go home
I want to go home, right now
I want to go home
In this bar
In this bar
I am dying
In this bar
In this bar
My hearts dying, dying
1 oct
CARTA A UNA SEÑORITA EN PARIS
…he cerrado tantas maletas en mi vida, me he pasado tantas horas haciendo equipajes que no llevaban a ninguna parte, que el jueves fue un día lleno de sombras y correas, porque cuando yo veo las correas de las valijas es como si viera sombras, elementos de un látigo que me azota indirectamente, de la manera más sutil y más horrible.
Bestiario, Julio Cortázar
27 sep
¿Es demente pretender salvar una vida?
Ordet, de Dreyer, es preciosa. Pregunta por qué la fe, resignada, se ha desnudado de sí misma. Por qué el creyente debería creer sin esperar nada a cambio. Por qué tendríamos que pensar que aceptar y callar es más elevado que aceptar y patalear. El tufo rancio de las dos primeras preguntas es, también, dulce y agradable. Los planos larguísimos propios del director. Los actores están brutales. La imagen de la predicación de Johannes desde la colina es tan simbólica y transgresora… Debería haber cogido un fotograma donde saliera él, o el cartel mismamente.
Pero el reencuentro entre Ingmar y Mikkel al final de la película es un momento tan puro. Ese beso ahogado, mordisco y lamento. La sonrisa de alivio y de aquí a la eternidad de Mikkel. Los ojos dolientes de Ingmar. El hilo de baba balanceándose entre los dos, intimidad demudada en puente.
¿Por qué tenía que morir? ¿Por qué tenían que arrebatárnosla?
Todo es absurdo. Todo es absurdo.Mikkel, tú sabes que…
¿Qué tengo que saber? Solo sé que todo lo que he amado y adorado,
ahora se ha de echar bajo tierra y pudrir.
(Hace poco hizo nueve meses, y ni me di cuenta. Derrida diría que un luto perfecto es imposible, por que no acabaría nunca y por tanto no conseguiría su objetivo de honrar y superar al ser querido. Que este dia fuera un azogue sería tan justo. Que en otros nueve meses hubiera vida es la ilusión.)
A leer con una canción de Band of Horses muy adecuada. Y mejor dejo el Elegía para mañana, que vaya post más negro.
25 sep
Un poco de sytar-folk-pop, Sidonies absténganse, por favor!
Put me in your suitcase, let me help you pack
Cuz you’re never coming back, no you’re never coming back
Cook me in your breakfast and put me on your plate
Cuz you know I taste great, yeah you know I taste great
At the hop it’s greaseball heaven
With candypants and archie too
Put me in your dry dream or put me in your wet
If you haven’t yet, no if you haven’t yet
Light me with your candle and watch the flames grow high
No it doesn’t hurt to try, it doesn’t hurt to try
Well I won’t stop all of my pretending that you’ll come home
You’ll be coming home, someday soon
Put me in your blue skies or put me in your gray
There’s gotta be someway, there’s gotta be someway
Put me in your tongue tie, make it hard to say
That you ain’t gonna stay, that you ain’t gonna stay
Wrap me in your marrow, stuff me in your bones
sing a mending moan, a song to bring you home
24 sep
Quizz kid Donnie Smith
23 sep
¿Quién está conmigo?
En 1560, un grupo de conquistadores cruza los Andes y se adentra en la jungla, en un territorio ignoto, poblado por indios hostiles, en busca del mítico El Dorado. Poco tiempo después, el cabecilla de la expedición decide dividir a sus hombres, enviando una avanzadilla a recabar información sobre el emplazamiento de la ciudad pavimentada en oro, buscar fuentes de avituallamiento y zonas donde sea seguro acampar. O, simplemente, para alejar de su compaña a los hombres más conflictivos, como Lope de Aguirre, un veterano de mirada alucinada y andar renqueante que se hace acompañar por su hija Elvira, ante la que muestra una devoción enfermiza.
La expedición parte codirigida entre el silencioso Lope de Aguirre y el razonable Francisco de Usúa. Poco tarda la naturaleza, encarnada en un río que fluye inmenso, en una dimensión superior a la humana, como un elefante africano respecto a una hormiga de jardín, en transcender su papel de mero escenario y tornarse en el agente pasivo que lleva a la eventual degradación de la expedición en un vodevil encadenado a su propia autodestrucción.
Y Lope de Aguirre se amotina y toma el mando. No sólo de la expedición, toma el controlde su vida y de las de aquellos que lo rodean. Rápidamente, se suceden las ejecuciones sumarias de todo aquél que se opone a su autoridad. Los expedicionarios le siguen cegados por la promesa de riquezas o por el miedo a su ira. Se proclama en rebeldía, niega el poder de la Corona de España sobre él, sobre sus hombres y sobre la tierra que olla su bota. Si bien su rebelión empieza simplemente cambiando a un lejano rey por otro cercano, gordo y manejable -uno de los miembros de la expedición, poseedor de algo de sangre azul que permite revestir de oropel al nuevo orden establecido-, el río y sus pobladores poco a poco minan la moral del reino flotante y le arrancan todo viso de civilización. Muerto el único caballo de la expedición, muerto el emperador de paja, muerto Usúa, un Aguirre delirante conduce a su trágico final todos sus hombres, también a su hija, y herido por una flecha enorme, se lanza a un escalofriante soliloquio de cinco minutos sobre una balsa atestada de cadáveres y de monos titís, sus últimas huestes, donde se proclama la Cólera de Dios, y con la intención de crear un colosal imperio en la costa atlántica, fundando la más pura dinastía junto a su difunta hija.
Cómo se aferra a un sueño imposible: ser dueño completo y absoluto de sus actos. Se ve, ya mayor, renqueante, deforme, ante su última oportunidad de conseguirlo y no escatima ningún esfuerzo en la persecución del objeto de sus deseos. La ley, la moral, Dios, todo ha de ser derribado si quiere cumplir su objetivo. Y ni por esas escapará a su suerte. El río fluye bajo sus pies, le lleva al mismo destino que aguarda a todo mortal. Qué más da, Aguirre ve con sus ojos hundidos una surrealidad donde ha triunfado sobre sus limitaciones mortales.
Pero lo más duro es que también ve más allá, una metarrealidad donde sabe que ha fracasado por completo, donde está todo devastado, humea su rostro consumido por una llama de rabia fogueada en impotencia, sus sueños pisoteados por un río alienígena, por un puto mundo donde nada tiene sentido, donde unas reglas surgidas del vacío nos condenan a estrellarnos una y otra vez contra nuestros delirios de grandeza. No podemos vencer, nunca. Esfuérzate para nada. Venga, lucha, desgástate, entrégate a tus deseos, intenta construir tu imperio inestable, flotante. Al final, el río se lo va a llevar todo, nada depende de ti. Las palabras son basura efímera y que están sujetas a las leyes de mercado, dependiendo su valor de quien vengan y de quien las oiga, del contexto, de su propia historia interna entre los que se las arrojan. Son tan relativas que hacen poco probable la comunicación y no digamos la comunión. Los actos de cualquier tipo son gestos inútiles, porque no atan nada, quedan atrás al instante en que se realizan, nuestra memoria es tan plástica que hace imposible trazar un recorrido por otras acciones anteriores que otorguen, a la manera de una suerte de jurisprudencia, algo de coherencia al gesto. Su repetición lo desvirtúa y lo vacía al convertirlo en un mantra ridículo y patético, un rito que no es más que el reflejo de la naturaleza ondulatoria de las leyes que nos conforman.
Soñaremos diez, quince, veinte años o quince minutos. Nos engañaremos imaginándonos alondras y gavilanes. Fuertes, enormes albatros que van allá donde quieren. Cuando sólo acaban donde los conduce la corriente y los malnacidos de los instintos, que no son más que otro nombre de esas reglas deterministas que nos arrastran incesantemente de un lado a otro hasta llegar al punto de partida.
Acabaremos enterrándonos los unos a los otros, y lo que hay hasta llegar a ese punto es un dolor proporcional a la hoguera donde tiras tus ambiciones. Aguirre juega a ser la cólera de Dios y sabe que es sólo eso. Un juego. Eso es lo que sus ojos delirantes irradian, la sabiduría del escéptico que, hastiado de ser engañado por reyes y dioses, por los hombres y por los sueños, escoge ser, al menos, el responsable de su propia destrucción. Putos Kinski y Herzog. Puto Cioran de los cojones.





